EL PASADO TENEBROSO DE ÁLVARO URIBE VÉLEZ
Ricardo Ferrer Espinosa*
En medio de su conflicto interior, Colombia acaba de elegir nuevo congreso y el 26 de mayo votará en las elecciones presidenciales. La continuidad de la crisis nacional está garantizada porque Álvaro Uribe Vélez, el principal candidato a la presidencia de la República, es conocido por seguir el juego de los escuadrones de la muerte. Igualmente, Horacio Serpa Uribe, segundo en las encuestas, tiene demasiados esqueletos en el armario y además le debe favores al narcotráfico.
Si el hecho no fuera tan grave, se podría titular así: “Colombia. Dos pillos en busca de la presidencia”
Según la tradición de las campañas electorales de Colombia, el nuevo presidente deberá ser elegido en medio de los disparos: En 1948 fue asesinado el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán. Durante las elecciones de 1990 los cuatro candidatos de la izquierda fueron asesinados en sitios públicos. La violencia política se repitió este año con el asesinato de la parlamentaria Marta Catalina Daniels. Otros candidatos siguen en la mira de los grupos armados. Durante este año electoral el candidato de la extrema derecha, Álvaro Uribe Vélez, ha sobrevivido a tres atentados.
En este clima de violencia, Andrés Pastrana culminará su período presidencial el 7 de agosto carente de resultados ante la sociedad que creyó en su propuesta de cerrar 50 años de guerra civil. Luego de tres años y cuatro meses negociando la paz, se reanuda la guerra contra las FARC-EP.
Álvaro Uribe Vélez y su competidor Horacio Serpa son los candidatos con más opciones para ganar la presidencia. Pero cualquiera de los dos enfrentará problemas de gobernabilidad y legitimidad porque ambos cargan con un pasado turbio y en el presente han sido incapaces de levantar propuestas viables a la crisis. Atacaron las negociaciones de paz con la guerrilla y descartaron apoyar las iniciativas dadas por la comisión de la ONU y los 10 países amigos del proceso de paz en Colombia.
La negociación tiene graves obstáculos. Mientras la visión oficial de Estados Unidos frente al conflicto es la intervención violenta, los países europeos y latinoamericanos se la juegan toda por salidas políticas y soluciones sociales. Para ser consecuente con sus ideas, Uribe Vélez es partidario de la intervención militar de los Estados Unidos en Colombia.
2002, TIEMPOS DIFICILES
La agenda 2002 para Colombia tiene entre sus ingredientes la guerra del gobierno contra las FARC, el proceso electoral y el cronograma de guerra antiterrorista de George Bush. Queda pendiente la guerra del gobierno contra los escuadrones de la muerte, pero es difícil que esto último ocurra.
Los ánimos están muy calientes como para negociar un alto al fuego o disminuir las hostilidades. Esto se demostró durante las elecciones parlamentarias de marzo y seguramente continuará durante las votaciones del 26 de mayo y la segunda ronda en junio, en las cuales se elige el presidente que se debe posesionar el 7 de agosto.
Miles de políticos han muerto en los últimos años, víctimas de la intolerancia y la cultura de las exclusiones. En 1948 fue asesinado el candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán, por levantar la bandera de las reformas sociales. Como mencioné al principio, durante las elecciones presidenciales de 1990 los cuatro candidatos de la izquierda fueron asesinados en público. En la misma década, el estado colombiano toleró el asesinato en serie de 4500 militantes de la Unión Patriótica a manos de los cuerpos de seguridad y la fuerza pública. Las voces moderadas se quedaron sin audiencia.
Los últimos años han estado marcados por la carencia de verdaderos líderes. Colombia busca representantes limpios para una sociedad civil agotada y cada vez más presionada a optar por las salidas militaristas. En ese panorama de incertidumbre aparece Álvaro Uribe Vélez, supuestamente la persona que salvará al país de la catástrofe. En segundo lugar aparece Horacio Serpa Uribe, tristemente célebre por haber sido el segundo de a bordo en el gobierno del ex-presidente Ernesto Samper, cuya campaña fue financiada con millones de dólares del narcotráfico. Posteriormente, Horacio Serpa dirigió la maquinaria que produjo el mayor fraude procesal de la historia colombiana: la absolución del presidente Samper en el llamado proceso 8.000. El Congreso colombiano, contra todas las evidencias, absolvió al presidente de todas las imputaciones sobre financiación de la campaña electoral de 1994 con dineros del narcotráfico.
Álvaro Uribe Vélez representa la lucha contra la guerrilla, pero no ofrece opciones sociales. Su Currículum Vitae tiene lecturas opuestas según el bando del lector: Entre 1976 y 1977, Uribe fue Jefe de bienes en empresas publicas de Medellín y desde ese cargo lideró la negociación de tierras y el traslado de la población del viejo al nuevo poblado de El Peñol. Supuestamente esa experiencia lo puede presentar como un buen administrador.
Pero los habitantes de El Peñol y Guatapé en el oriente de Antioquia cuentan la misma historia desde los muertos y desaparecidos que sufrieron durante la negociación por las tierras que debían ser sumergidas para el embalse proyectado por Empresas Públicas de Medellín. El proyecto hidroeléctrico del Peñol fue más impuesto que negociado, y la población civil solo conoció gases lacrimógenos, expropiaciones de tierras para la hidroeléctrica y destierro forzado. Los líderes cívicos que negociaron en nombre de sus comunidades fueron asesinados o están desaparecidos.
En otro apartado de su currículum, el período de Álvaro Uribe Vélez al mando de la Aeronáutica Civil no se distinguió precisamente por el control al narcotráfico en los aeropuertos. Entre 1995 y 1997 dio apoyo directo a las paramilitarizadas Cooperativas de Vigilancia Privada, “CONVIVIR”, lo cual le originó reproches de la comunidad internacional y de la Comisionada de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para Colombia, Almudena Mazarrasa. Frente a las masacres ocurridas en la región de Antioquia cuando fue Gobernador, Álvaro Uribe estuvo de parte de los victimarios y se dedicó a atacar sistemáticamente a los desplazados y a los grupos defensores de los derechos humanos.
El padre de Álvaro Uribe fue asesinado por la guerrilla y eso lo marcó para siempre. Mientras Uribe Vélez gana poder político, ataca sistemáticamente todo lo que se parezca a movimientos sociales, reivindicaciones laborales y jornadas de protesta, porque todo ésto, para Álvaro Uribe, huele a guerrilla. Tal política le genera apoyo entre la dirigencia empresarial, más amiga de recortes en los salarios, bajas pensiones, poca estabilidad laboral y carencia de derechos sindicales.
MASACRES EN EL RIO ATRATO
Realmente las páginas más sangrientas en el Currículum de Álvaro Uribe se escribieron cuando encubrió las masacres ocurridas en el río Atrato durante todo el año de 1997.
Las principales masacres de Antioquia, debidamente documentadas, fueron cometidas en la jurisdicción de la Brigada XVII, bajo el mando del general Rito Alejo del Río, y en las jurisdicciones militares de las Brigadas IV y XIV.
El general Rito Alejo del Río se encuentra bajo proceso de investigación judicial. Fue detenido a mediados de 2001 y liberado posteriormente por errores de procedimiento en su detención, mas no por la calidad de las pruebas que pesan en su contra. Un indicador de lo que hizo este oficial del ejército es que los ríos se llenaban de cadáveres cada vez que asumía el mando de una región militar: Cuando comandó un batallón de la Brigada XIV, los cadáveres bajaban por el río Magdalena; cuando comandó la Brigada XVII, docenas de cuerpos fueron arrojados al río Atrato y cuando comandó la Brigada XIII se iniciaron las masacres alrededor de Bogotá. Durante el tiempo en que ocurrieron los abusos contra la población civil de Antioquia, Álvaro Uribe omitió interceder en favor de la población y omitió proceder contra el general Rito Alejo del Río.
En las masacres que vienen ocurriendo en el río Atrato desde 1997, también omitieron su deber de proteger a la población civil los Comandantes de la policía de los Departamentos de Antioquia y El Chocó. El caso más aberrante es el de la Comandancia de la policía Municipal en Vigía del Fuerte: El 31 de mayo de 1997 el Jefe paramilitar de Vigía del Fuerte ingresó a mi habitación en el hotel vecino al hospital y me amenazó. Aquel hombre, pistola en mano, estaba furioso porque yo había ingresado al pueblo sin haberle pedido permiso previo a los escuadrones de la muerte. El sicario recalcó especialmente que todos los funcionarios de la Gobernación de Antioquia le anunciaban el viaje antes de viajar a Vigía del Fuerte y a la región del río Atrato. Lo que vi, como testigo de las masacres del Atrato, que la relación de la Gobernación de Antioquia con las autodefensas paramilitares era directa.
Desde mayo de 1997 hasta mayo de 2000 el escuadrón de la muerte liderado por Carlos Castaño, tomó como base de operaciones el poblado de Vigía del Fuerte. Desde allí las “Autodefensas de Córdoba y Urabá” controlaron el río Atrato hasta su desembocadura en el golfo de Urabá. Durante tres años las autoridades locales, desde Quibdó hasta Bocas del Atrato hicieron la vista gorda ante docenas de cadáveres que flotaban en el río. Era imposible que el Gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe y el comandante de la Brigada XVII, Rito Alejo del Río, ignorasen las masacres.
El escuadrón de la muerte “Autodefensas Unidas de Colombia” tiene interés en las selvas del Atrato porque allí puede sembrar coca, instalar laboratorios y sacar la cocaína por las rutas de Panamá. Similar a la historia familiar de Uribe Vélez, el padre de los hermanos Castaño también murió asesinado por la guerrilla. Ello explica la posición radical que comparten estas familias contra comunidades campesinas, organizaciones sindicales, movimientos de protesta y todo lo que suene a izquierda. Mientras tanto, Colombia se llena de otros huérfanos y otras viudas.
Las pruebas acumuladas contra el general Del Río señalan el trabajo conjunto entre escuadrones de la muerte y el Ejército Colombiano en las regiones de Córdoba, Urabá y el Atrato. En mi propio seguimiento como periodista he entrevistado separadamente a tres testigos creíbles que confirmaron haber visto a Infantes de Marina y Soldados de la Brigada XVII, patrullando conjuntamente con las “Autodefensas”. Estas investigaciones originaron mi exilio de Colombia.
Si Rito Alejo del Río Rojas fue el ejecutor de masacres en Urabá y el Atrato, Álvaro Uribe Vélez fue el gran encubridor de las mismas. Era imposible ignorar el asunto cuando los muertos flotaban en el río Atrato durante días a la vista de todo el mundo: Los escuadrones de la muerte habían dado la prohibición de recoger los cadáveres. Esta es la sombra que pesa sobre el Gobernador de Antioquia 1995 – 1997, quien ahora se presenta como el candidato con más opciones para ser presidente de Colombia.
Muchos periodistas y líderes comunitarios hemos investigado a fondo las masacres del río Atrato. No estamos alineados con los promotores de la guerra y nuestra única opción ha sido mediar en defensa de la población civil. En las masacres han participado todos los bandos en conflicto, desde mandos militares, sus amigos los escuadrones de la muerte, narcotraficantes y delincuentes comunes. A su vez los guerrilleros de las FARC asesinaron a civiles que se presentaron como candidatos a las elecciones municipales y corporaciones públicas de 1997. Estas personas nunca debieron ser consideradas sujetos de ataque en la guerra. Durante el asalto a Vigía del Fuerte, en mayo de 2000, las FARC cometieron excesos contra la población, igualando sus métodos de lucha con los escuadrones paramilitares que dicen combatir.
Algún día todos los asesinos del río Atrato se sentarán a comparecer ante un Tribunal Internacional de Justicia dedicado a Colombia, como ahora lo hacen los genocidas de Yugoslavia. Pero en el caso de Álvaro Uribe estamos a tiempo de evitar que Colombia viva otros cuatro años llenos de sangre.
(SEGUNDO ARTÍCULO )
COLOMBIA: LA GUERRA ECONÓMICA
El conflicto tiene impacto sobre la economía y la infraestructura. Las guerrillas colombianas aplican las lecciones aprendidas durante las guerras de Centroamérica: Combatientes de las FARC y del ELN participaron en los conflictos de Nicaragua y El Salvador, además de haber mantenido relaciones con las guerrillas de Honduras y Guatemala. Como se recordará, el Frente Farabundo Martí aplicó sistemáticamente la formula de guerra económica en El Salvador y la usó en la negociación final del conflicto.
Es previsible que Colombia supere el promedio de 37.000 asesinatos al año, dos millones de desplazados internos, casi un millón de emigrantes al exterior, miles de asilados políticos, lisiados y enfermos mentales. A largo plazo pesa la devastación económica causada por ataques frontales a la infraestructura. Sin energía eléctrica es poco lo que se puede producir, y lo poco que se salve de mercancía no puede salir ni ser distribuido si no hay vías ni salidas a los puertos. En el actual momento la guerrilla han incrementado los ataques directos a monopolios y a las empresas multinacionales. España es vulnerable en sectores que van desde las petroleras hasta los bancos.
La guerra está cada vez más cerca de las grandes ciudades. Actualmente se intensifica la disputa por el control de las vías y rutas de suministros en regiones estratégicas tales como el triángulo Bogotá – Medellín – Cali.
La guerrilla controla la mitad del país y la mitad de los alcaldes de las pequeñas y medianas poblaciones negocian sus programas de gobierno con las nuevas autoridades locales. El nuevo factor en juego es la actividad creciente de los escuadrones de la muerte, financiados por terratenientes privados, grandes monopolios empresariales y algunas multinacionales del petróleo. Inicialmente el entrenamiento de los paramilitares y la asignación de sus blancos fueron hechos por el estamento militar, pero el engendro se salió de control. Los actuales escuadrones de la muerte llevan su negocio por cuenta propia como señores de la guerra, con áreas de negocio en el narcotráfico y la ejecución de masacres por encargo para extender territorios de narcotraficantes y grandes hacendados. En medio están la población civil, los líderes de derechos humanos y los dirigentes sindicales que mueren por montones.
Es previsible en el futuro inmediato que se inicie la lucha por el control de ciudades medianas y grandes. Una prueba de ello es el gran desarrollo de grupos milicianos (guerrillas urbanas) en Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena y Barranquilla. En la contra parte, los paramilitares conservan su dirección y mando en el nudo de Paramillo. Muy recientemente los escuadrones de la muerte completaron el control sobre la Sierra Nevada de Santa Marta, lo cual pone en serio peligro a las comunidades indígenas.
En esta disputa, la joya de la corona es el Departamento de Antioquia donde ya hay enfrentamientos en el Valle de Aburrá (que incluye a Medellín), serios bloqueos en la vía hacia el golfo de Urabá, y son comunes los combates en los valles de los ríos Atrato, Cauca y Magdalena. Antioquia es una de las regiones más ricas de Colombia y por ello todos los bandos en pugna tienen grandes unidades de combate desplazadas allí. El candidato Álvaro Uribe Vélez, con sus propuestas autoritarias, pertenece a esta región y allí está captando sus adeptos.
Las implicaciones del conflicto se extenderían al vecindario y no podemos olvidar que Colombia tiene una localización estratégica, con orillas en el Atlántico, Pacífico, la cordillera de los Andes, la selva del Amazonas y una zona inmensa de mar territorial en el Caribe.
Merece atención la cercanía de Colombia a Centroamérica con sus conflictos mal resueltos. Actualmente las guerrillas centroamericanas están desmovilizadas sin haber conseguido soluciones sociales. La tensión sigue viva y con un poco de calor se puede reavivar el fuego.
Por su parte, Estados Unidos pasó de la guerra de propaganda a la propaganda de guerra, en un marco de intervención abierta (no es casualidad que justo en estos momentos se esté difundiendo la película “Daño colateral”, producción de hollywood sobre la guerra en Colombia). Luego del 11 de Septiembre, los Estados Unidos incluyeron a las FARC en la lista de los grupos “terroristas”, pero en realidad la confrontación entre las FARC y las tropas norteamericanas que apoyan al ejército colombiano viene ocurriendo desde la década del 60. En el marco de esa historia, el “Plan Colombia” es solo el último eslabón de la cadena de choques en el país.
Ricardo Ferrer Espinosa/
Periodista colombiano, vive como asilado político en España.
INFORMACIÓN ADICIONAL DE USO INTERNO PARA MIS COLEGAS PERIODISTAS:
Datos orientadores sobre las matanzas del río Atrato:
- Operación Génesis, lanzada por el ejército en enero de 1997, con apoyo masivo de los escuadrones de la muerte de la familia Castaño. Mi investigación se refiere solamente a las matanzas ocurridas entre mayo y junio de 1997. De todas maneras hay suficiente registro noticioso sobre la zona, en la cual la guerra se ha ensañado hasta la fecha.
- Las matanzas de civiles tenían como objetivo producir el desplazamiento de la población mientras que los terrenos abandonados eran ocupados por empresarios.
- El desplazamiento masivo y forzado de la población tenía como objetivo apropiarse del territorio: En el río Atrato, donde se proyecta construir el canal interoceánico alterno al canal de Panamá.
RESPONSABLES DE LAS MASACRES EN EL RIO ATRATO
- En 1997 el presidente era Ernesto Samper Pizano. Durante su mandato se dio forma legal a las cooperativas CONVIVIR, fachada de los escuadrones de la muerte. Los grupos paramilitares obraron con total impunidad, contra la población civil.
- El vicepresidente de Colombia durante 1997: Horacio Serpa Uribe. En su trabajo como ministro de gobierno dirigió el proceso legislativo que aprobó desarrollos paramilitares. De especial interés es la lectura de las actas de las sesiones del Congreso de la República de Colombia durante 1996. Todo el tema relacionado con las milicias nacionales.
- Autoridades civiles: Gobernador de Antioquia: Álvaro Uribe Vélez: Candidato a la presidencia de la república en las actuales elecciones. / Queda por ampliar la información sobre las acciones y omisiones de los gobernadores de El Chocó y Córdoba.
- Mandos militares: Comandante del Ejército (Nombre?) / Comandante de la Brigada XVII: General Rito Alejo del Río Rojas. / Comandante de la IV Brigada. General Ospina Ovalle. / Comandante de la Infantería de Marina (nombre?).
- Mandos paramilitares: Carlos Castaño, Comandante de las Autodefensas de Córdoba y Urabá. (escuadrón de la muerte).