Hace mucho que la realidad colombiana viene excediendo con creces el
mundo onírico y el realismo mágico de la obra garcíamarquiana. Hoy
quiere parecerse a una pesadilla del más crudo hiperrealismo.
Anticipando todos los escenarios catastróficos, pareciera que la debacle
final de la oligarquía colombiana, arrastrara al abismo a todos los
sectores de la sociedad. […]
Hace mucho que la realidad colombiana viene excediendo con creces el
mundo onírico y el realismo mágico de la obra garcíamarquiana. Hoy
quiere parecerse a una pesadilla del más crudo hiperrealismo.
Anticipando todos los escenarios catastróficos, pareciera que la debacle
final de la oligarquía colombiana, arrastrara al abismo a todos los
sectores de la sociedad. La última operación política para salvar las
grandes fortunas y el poder atesorado por los grupos dominantes a través
de décadas, consiste en facilitar las bases militares al ejército
norteamericano como último recurso para cautelar su espacio de
dominación en el área y como plataforma «preventiva» contra procesos
políticos y gobiernos insumisos de las ordenanzas del imperio.
Ricardo Ferrer fue periodista de la Red Colprensa, de diarios como El Colombiano,
comunicador social de varias radioemisoras, testigo y sobreviviente de
la masacre de Atrato y actualmente refugiado en España. En enero del
próximo año publicará su testimonio: Nos matan y no es noticia. Negocios y Masacres en el Río Atrato.
Profundo conocedor de la realidad de su país, nos describe un detallado
análisis de la convulsa situación colombiana y expone con claridad lo
que muchas veces es distorsionado tanto en Europa como en el resto de
América Latina.
1.- Ricardo, ¿que sucedió exactamente en Atrato?
En la mañana del viernes 30 de mayo de 1997 entró un mensajero de las
FARC en mi oficina para solicitarme que actuara como mediador entre la
Guerrilla y el Comité Internacional de la Cruz Roja. Como Jefe de prensa
de METROSALUD, la red de salud de Medellín, creí mi deber intervenir en
esta acción de carácter netamente humanitario. La mediación serviría
para verificar el estado, entregar muestras de supervivencia de diez
prisioneros, infantes de marina, en poder del Frente Nº 57 de las FARC
en la zona de Murindó y sobre todo negociar su inmediata liberación.
Dado que en el Derecho Internacional los actores en conflicto interno
o externo reconocen a los servicios de salud como entes neutrales, la
guerrilla solicitó la mediación o buenos oficios, conscientes de que el
enfrentamiento con el ejército y los paramilitares era inminente y
podría ocurrir en una masacre de los prisioneros que se encontraban
«Fuera de combate por detención»; definición que permite la plena
aplicación del Artículo Tercero, común a los cuatro acuerdos de Ginebra.
Recordé una frase del Deuteronomio que le escuché a mi padre cuando
niño: «Elegirás la vida», y me dispuse a dar lo mejor de mí para que
esta operación no costara vidas humanas. Además de eso la Constitución
colombiana expresamente señala en un artículo la obligación de los
ciudadanos de contribuir a la paz.
Sin embargo, desde un primer momento me fui dando cuenta que el
ejército no tenía ninguna intención de favorecer la mediación, ni
siquiera que esta se realizara. Ya en el hangar para vuelos arrendados
(Charters), fui interceptado por un individuo de raza negra que me dio
su nombre y me señaló que si yo hacía el viaje a Vigía del Fuerte sería
muy peligroso para mí y debía ver bien cómo iba a regresar.
Yo pensé que sería sometido a ese tipo de control a mi llegada a
Murindó por parte de los mandos de los paramilitares, pero mi sorpresa
fue mayúscula al comprobar que ya desde Medellín agentes de no sé que
servicio exactamente, conocían todos mis movimientos. Te reitero que mi
función consistía exclusivamente en recoger las pruebas documentales de
supervivencia de los prisioneros (cartas, fotos, identidades, etc), para
entregarlas al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Se crearía
una zona de despeje militar en la zona del Caguán donde la guerrilla
pretendía entregar además a otros setenta militares prisioneros de
guerra, provenientes de diversas regiones del país, todo ello antes del
15 de junio de 1997.
2.- ¿Que pudiste comprobar a tu llegada?
Desde que la avioneta aterrizó en Vigía del Fuerte comenzaron a
suceder cosas muy extrañas que me hicieron pensar que algo anormal
estaba sucediendo en la zona. Debo decirte que esa es una región
selvática, de población principalmente negra e indígena y en la cual yo
llamaba inmediatamente la atención por mi tipo físico. Como conocía el
lugar, esperaba a mi llegada encontrarme con gente en la pista de
aterrizaje, en las calles del pueblo, ventas de fritangas en las
veredas, música en el ambiente, como es en las regiones calientes, pero
todo estaba desierto.
Me dirigí al embarcadero para continuar viaje en panga (lancha) hacia
Murindó, pero ninguno de los lancheros quiso llevarme, aduciendo que
ese día no estaban haciendo viajes a Murindó. Tampoco había niños
bañándose en la ribera del río como había visto en otras oportunidades.
Como pensé que los lancheros no querían llevarme por una cuestión de
dinero comencé a regatear con ellos, pero me dijeron en grupo:
«Entiéndanos doctor. Es que no están bajando lanchas hacia Murindó».
Fui a la alcaldía, me presenté con el alcalde Wilson Chaberra en su
oficina. Había cuatro hombres a su alrededor y un ambiente tenso. Le
informé que en Medellín estábamos preparando un Seminario Nacional de
Empresas Sociales del Estado, el cuál incidiría en la calidad
presupuestaria en los Hospitales y Centros de Salud en todo el país,
todo lo cual era cierto. Le entregué unos textos educativos de promoción
de la salud y prevención de la enfermedad, confeccionados por
Metrosalud, además de trípticos y plegables. Me recibieron los
documentos y procedieron a mecanografiar una nota oficial de recibo,
además de una constancia de mi visita. Mientras cumplían ese trámite, me
dirigí al baño y una persona a la que no puedo nombrar, ni entregar su
cargo, me siguió y mientras yo estaba orinando me dijo en voz baja y sin
mirarme: «Usted está en serio peligro de muerte. Aquí están pasando
cosas terribles. Tiene que buscar el modo de irse lo más pronto posible.
No vaya a Murindó porque toda la gente está huyendo de allá».
Salí conmovido de la alcaldía y me dirigí al hospital de Vigía del
Fuerte para entrevistarme con el Médico Jefe o el director. Ninguno
estaba. Sólo encontré a unas muchachas adolescentes en la oficina del
segundo. Me dijeron que ellas eran Voluntarias de Salud y venían desde
Murindó con los funcionarios. Les pregunté si podía hacer el viaje de
regreso con ellas. Una de las chicas me dijo que tenía que presentarme
con el comandante de las autodefensas, que sólo él podía autorizar el
viaje. Entonces les propuse pagar yo el combustible. Una chica negra se
asustó mucho y me dijo que si iba alguien no autorizado en el viaje, los
podían matar a todos y echarlos en el río. Que ya lo habían hecho
antes. Además, los paramilitares controlaban absolutamente todo lo que
se cargaba en las lanchas, especialmente la comida, la sal y la
gasolina. Controlaban hasta la última gota de gasolina que entraba o
salía de Murindó. Se registraba a todos los pasajeros que salían, y
debían volver los mismos en cada lancha. Salí del hospital ya con miedo,
se me acercó otra muchacha que sin más me dijo que debería hablar con
el comandante de las autodefensas, que era «un amor» y que ayudaba mucho
a la gente.
No quise comprometerme y le pedí la referencia de un hotel donde
alojarme. Me recomendó uno que estaba cerca del embarcadero; durante la
comida continué escuchando historias de masacres, una anciana que
valientemente se sentó a mi lado me contó que le habían muerto un
familiar que era su único apoyo para su sustento, otra chica
completamente enrabiada me contó que le habían asesinado un amigo de la
infancia, y me dijo «¿por qué no se meten con la guerrilla esos
hijueputas?»
La anciana que al principio comenzó hablando muy bajito, luego me
dijo desesperada: «¡Señor, usted tiene que contar lo que está pasando
aquí!».
Todas la versiones coincidían en una versión central. El día 22 de
mayo llegaron los paramilitares en pangas (lanchas rápidas), y
comenzaron a asesinar personas de los poblados acusándolas de colaborar
con la guerrilla. Los vecinos mencionaban muchos nombres sueltos, pero
lógicamente no tenían una lista oficial. Luego entró el ejército y no le
pusieron problemas a «los paracos», me decían. Nadie se metió, ni la
alcaldía, ni la policía, ni el juez. ¡Ninguna autoridad intervino para
proteger a la población civil! Veían cadáveres flotando en el río,
piernas, brazos y miembros descuartizados y miraban para otro lado.
«Nos están matando y por la radio no sale ni una sola noticia», me decían consternados. Estamos en poder de los mochacabezas. Pero lo peor para mí estaba por venir. Regresé a la residencia y recuerdo haber estado leyendo una novela de Guy de Maupassant Bel ami.
De pronto la puerta se abrió de golpe y veo a un hombre de raza negra,
joven y atlético encañonándome con una pistola. El hombre estaba
acompañado de una mujer. Ambos estaban muy alterados, yo retrocedí
mostrándoles que no llevaba nada en las manos. Comenzaron a registrarlo
todo, mis ropas, mi bolsa de viaje.
El hombre que luego se presentó como el comandante de Vigía del
Fuerte de las Autodefensas de Córdoba y Urabá, me dijo que estaban en
guerra a muerte con la guerrilla, sus colaboradores y «toda la basura» y
que los matarían a todos. Al ver el libro que estaba leyendo me hizo
relatarle de qué se trataba. Me quedó claro que no sabía nada de
literatura y menos de los novelistas franceses del S. XIX. La mujer
estaba fuera de sí y me miraba agresivamente con los ojos desorbitados
registrándolo todo, afortunadamente no encontró el carné de periodista
que estaba en un bolsillo lateral de la maleta. El hombre me preguntó
que quién era yo, y qué hacía en Vigía del Fuerte. Luego me dijo que no
correspondía con la descripción que le habían dado de mí. Le mostré las
cartillas y los trípticos de salud y le dije lo importante que era
preparar el II Seminario de Empresas Sociales del Estado. Que incidiría
directamente en la atención de los habitantes de la región. Luego me
dijo que nadie le había avisado de la Dirección Seccional de Salud de
Antioquia, ni tampoco de la Gobernación de Antioquia sobre la visita de
un funcionario de Salud. Que a él le avisaban por teléfono las visitas.
Ahora deduzco la estrecha relación entre los altos funcionarios de la
gobernación de Antioquia y los escuadrones de la muerte. Adivina quién
era el gobernador de Antioquia de la época: Álvaro Uribe Vélez,
principal promotor de las cooperativas de seguridad privada «Convivir».
El paramilitar tampoco me pareció «el amor» que me había descrito la
muchacha.
3.- ¿Que relación real existe entre el paramilitarismo y el Estado colombiano en el área?
Uribe y la élite colombiana han convencido a los Estados Unidos de
que son la fuerza necesaria para impedir el avance de los movimientos
sociales. Entre 1994 y 1998 la oligarquía colombiana pensó que podía
perder el poder. Esa afirmación está recogida en diferentes documentos
divulgados por analistas sociales de la derecha (por ejemplo, el
Instituto Rangel). Los gobernantes optaron por la guerra sucia a mayor
escala desde 1996. En ese marco se diseña el Plan Colombia. Para ese objetivo debían necesariamente producir una reingienería
en las Fuerzas Armadas y subordinarlas directamente al Comando Sur del
ejército de los Estados Unidos con base en Panamá, específicamente al 7º
Grupo de Operaciones Especiales (los Boinas Verdes), quienes son los
que han asesorado todo este proceso.
Para mí, las matanzas de Mapiripán y las mismas del Río Atrato marcan
el inicio de un nuevo modelo de guerra sucia; la llevan a su máxima
expresión, es decir, matanzas indiscriminadas de campesinos para lograr
su desplazamiento mediante el terror, esto es en la Costa Caribe, Costa
Pacífica, Pie de Monte Llanero, y las inmediaciones de las principales
ciudades de la Costa.
Así se establece esta alianza de la muerte entre
estado-gobierno-ejército y paramilitares. Los paramilitares no son ni
más ni menos que subcontratistas que hacen el trabajo sucio y liberan al
ejército de la represión atroz y descarada, preservando su imagen de
institucionalidad. Luego el ejército consolida los territorios y se
lleva los créditos como «garante» de la seguridad ciudadana.
Pero cuando los paramilitares se convierten en una amistad incómoda,
en un incordio porque tienen memoria y conocen todo el rodaje, también
pueden ser objetos de la represión. Se calcula que el gobierno ha tenido
que matar a más de dos mil mandos del sicariato, capaces de demostrar
sus vínculos con ellos y el narcotráfico.
Luego de doce años de guerra sucia, se ha hablado una y otra vez de
desmovilización de los paramilitares. Siempre ha sido una farsa. Han
cambiado de nombre, han muerto sus mandos, pero la guerra sigue igual.
Continúa el expolio, las tierras jamás han sido devueltas, ¿por qué?
Porque se trata de territorios con enormes riquezas para megaproyectos
que no incluyen a los habitantes del entorno a la hora de intervenir con
obras ingenieras. Se proyectan grandes centrales hidroeléctricas,
oleoductos, carreteras, minas a cielo abierto, cultivos industriales con
resultados catastróficos para la gente. No es mera coincidencia que
ocurran las masacres en zonas cercanas a los megaproyectos no sólo en
Colombia sino en México y Perú.
En el caso nuestro, una investigación adelantada por un grupo
canadiense concluye que Colombia es uno de los 10 países más ricos en
recursos del mundo, con yacimientos minerales de oro, cobre, manganeso,
petróleo, además de recursos hídricos notables, e incluso plantas y
animales sin clasificar. Por eso es que una premisa de los paramilitares
cuando llegan a los campos y preguntan al propietario: «¡Me vende su
tierra o le compro a su viuda!». Muchas veces lo que quieren es plantar
palma africana para producir biodiesel. Así se han producido
desplazamientos masivos a Turbo, Apartadó, Chigorodó, Medellín y Quibdó.
Luego de matanzas de familias enteras.
En el caso del Río Atrato soy un convencido de que lo que está atrás
de la matanza es la construcción de un canal interoceánico
(Atrato-Tuandó) de las mismas características que el Canal de Panamá. La
marcha triste de los desplazados se inicia en los despachos del BID y
del Banco Mundial. Hay dos siglas tenebrosas a tener en cuenta, IIRSA y
PPP. Iniciativa de Integración de Infraestructuras para Sudamérica y Plan Puebla Panamá. Ganancias
para las multinacionales, violencia para los naturales. En nombre del
progreso , campesinos inocentes y sus familias han muerto o han sido
desplazados para codicia de las empresas y sus megaproyectos. ¡Exijo que
se les haga justicia!
4.- ¿Cómo se explica entonces las reelecciones sucesivas de Uribe en el gobierno colombiano?
Para comprender la realidad específica de Colombia hay que remontarse
a la historia del siglo XIX. Luego de la independencia de España, el
poder se atomizó, nunca se consolidó un verdadero estado nacional. La
burguesía de Colombia siempre fue vendida, sumisa, dependiente de otros
poderes externos al país. La oligarquía gobernante se vendió primero a
los ingleses desembozadamente, y luego a los Estados Unidos cuando
cambió el imperio. Siempre fueron otros los que devoraron nuestras
materias primas y jamás hubo políticas de desarrollo nacional ni una
reforma agraria. Se trata de familias voraces que no han vacilado en
vender los intereses nacionales a potencias extranjeras.
La violencia entonces se puede resumir en pocas líneas. Intolerancia
política, alergia a las reformas sociales y asesinato sistemático de la
oposición que se atreva a plantear los cambios en el sistema social de
Colombia. Como resultado tenemos una democracia genocida, como
bien la ha descrito el sacerdote Javier Giraldo. Los colombianos nunca
hemos tenido paz, hemos sobrevivido en guerras interminables donde los
que cargan el fusil son siempre los pobres, en uno y otro bando. Los
guerrilleros, los militares y sus sicarios paramilitares son todos de
origen humilde; la burguesía colombiana no sufre de manera directa la
guerra; por eso siempre afirman que en Colombia no pasa nada.
A Colombia siempre la ha gobernado una élite sanguinaria que nunca ha
admitido reformas sociales. Cada propuesta política diferente ha sido
recibida a tiros. Los asesinatos de Jorge Eliécer Gaitán, José
Antequera, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro León-Gómez, por
nombrar a los principales dirigentes que se atrevieron a esbozar un
camino alternativo son la muestra más patente. Querían ser presidentes de otra Colombia. Todos proponían una manera nueva de gobernar, y todos pagaron con sus vidas el haber planteado reformas sociales.
Gaitán, que había estudiado a fondo el modelo de seguridad social
aplicado en Italia luego de la segunda guerra y podía entenderse como
cercano a las ideas socialdemócratas, fue calificado de comunista y
asesinado. Una y otra vez los lideres y políticos del cambio son
asesinados.
En este escenario, el conflicto colombiano tiene actualmente un
ingrediente muy activo: una prensa vendida al proceso paramilitar, que
maquilla los muertos, que alaba a los victimarios, que justifica la
guerra sucia. Es de esa manera que es elegido Alvaro Uribe, con una
promesa populista de acabar con la guerra, terminar con la guerrilla y
modernizar el país. ¿Cómo lo hizo? Comprando conciencias, eliminando
opositores, gobernadores, alcaldes, senadores…Ahí está el famoso pacto
de Realito que se constituyó para refundar Colombia bajo un acuerdo de
gobierno, militares, narcotráfico y paramilitares, y donde habían varios
uribistas. En Colombia se habla ya de la política y la parapolítica.
5.- Una pregunta difícil: ¿Cuál es la relación entre el narcotráfico, la economía y la política en Colombia?
El tema es demasiado extenso, pero podría decirte que desde 1974 a
Colombia la han gobernado presidentes muy amigos del narcotráfico. Esto
tiene sus antecedentes luego de la guerra de Vietnam, cuando en Estados
Unidos existía una masa de excombatientes y drogadictos que necesitaban
urgentemente suministros de droga desde el exterior del país. ¿Quién
podría suministrársela? Colombia. Si alguien se tomara el trabajo de
revisar las «amnistías tributarias» en Colombia, el rastro del dinero
delataría una huella muy marcada que va desde los grandes capos de la
mafia hasta el congreso de la república. Periódicamente los gobiernos
han facilitado que los dólares de la mafia ingresen a la economía
formal.
Desde 1974, el presidente Alfonso López Michelsen coqueteaba con la mafia de la marimba
(marihuana). Los siguientes quisieron seguir el ejemplo. En agosto de
1986, César Gaviria Trujillo era el ministro de Hacienda del nuevo
presidente Virgilio Barco. Gaviria Trujillo diseñó diferentes amnistías
tributarias que permitieron sanear (lavar) millones de dólares al
narcotráfico. Posteriormente, en 1990, el viejo ministro de Hacienda
recibió todo el apoyo del mundo mafioso para ser presidente de la
república. Y Gaviria logró la presidencia. Es apenas lógico. Y así ha
venido ocurriendo desde 1974, que cada presidente de Colombia se ha
acercado un poco más al narcotráfico.
Con Uribe, en el 2002, llega el asalto final. ¿Para qué contentarse
con las migajas del poder cuando lo podían tener todo? Eso han hecho
descaradamente los empresarios llevando a un narcotraficante a la
presidencia de la república. Estados Unidos conoce de sobra los orígenes
del narcotraficante número 82 en las listas de la DEA. No es la primera
vez que Estados Unidos se alía con narcotraficantes, ¿No fue así en el
escándalo Irán-Contras?, ¿Con quien estaban aliados? Y cuando ayudaban a
los Talibán en la guerra ruso-afgana, no financiaban las operaciones
con el tráfico del opio? ¿Alguién ha olvidado a Noriega, el presidente
narcotraficante que trabajaba para la CIA?
Un ejemplo de la influencia del narcotráfico en la economía
colombiana se refleja en un informe de la CEPAL sobre la economía de
Latinoamérica en la década de los ochenta. Todos coincidían en una sola
frase. Los 80 fue una década perdida. Pero en Colombia no. La economía
no sufrió estancamiento. Las empresas e industrias estaban plenamente
financiadas. Y vuelvo a citar la razón: los narcotraficantes, con el
dinero a manos llenas, aprovechaban las frecuentes amnistías tributarias
para legalizar los capitales y crear empresas que realmente activaron
la economía, pero sobre una base económica y política que maneja la
delincuencia. ¿ Será que las agencias de inteligencia de los Estados
Unidos y Europa no vieron esa polvareda de coca? ,¿Y los organismos
económicos mundiales tampoco? Esa delincuencia se legitimó y terminó por
gobernar Colombia. Se creó primero una base social de narcos vestidos
de traje y corbata que al principio eran mirados con reticencia pero
luego terminaron abrazándose con la élite tradicional en los grandes
clubes sociales de Bogotá y Medellín.
6.- ¿Cuál es el poder y la influencia de la oposición, incluidas las organizaciones armadas?
Todas las costas (Pacífico, Atlántico y Caribe) están dominadas por
los narcotraficantes, el ejército y sus escuadrones de la muerte. En el
resto del territorio el conflicto sigue igual que hace cuarenta o
cincuenta años. Sigue la confrontación entre la oposición armada y las
fuerzas del estado y en medio, una población que merece ser escuchada.
En Colombia, las más moderadas corrientes de disidencia política son
acalladas y son muy exiguas sus posibilidades de expresión. Salvatore
Mancuso, que fue uno de los jefes paramilitares, llegó a decir: «El 35%
del Congreso es nuestro».
7.- ¿Cuál es el balance de la Memoria Histórica en cuanto a las violaciones de los Derechos Humanos?
No existe una estadística precisa del número de organizaciones,
personas y colectividades que han sido exterminadas o gravemente
destruidas por los diferentes gobiernos del estado colombiano, pongo el
caso de la Unión Patriótica, el Partido Comunista Colombiano, centenares
de organizaciones sindicales, estudiantiles etc. La violencia
institucional estimulada contra Gaitán en la década de 1940 dejó más de
trescientos mil muertos sin investigar, y decenas de miles de campesinos
desarraigados. A eso hay que agregar que en los últimos veinticinco
años algunos estudios del banco de datos de la Comisión
Intercongregacional Justicia y Paz, o la Comisión Colombiana de
Juristas, hablan de 350.000 muertos; cuatro millones de desplazados o
refugiados políticos; 10.000 detenidos desaparecidos y personas
sepultadas en fosas comunes o clandestinas; 6.000.000 de hectáreas
robadas a las víctimas.
Sólo durante el año 2009 tuvimos 37 dirigentes sindicales asesinados,
y los casos de los «falsos positivos», o sea decenas de civiles
muertos, especialmente jóvenes, asesinados para presentarlos como
guerrilleros muertos en combate, con el fin de mostrar éxitos militares y
cobrar los beneficios del estado. Hay militares procesados
pertenecientes a varias unidades del ejército como el Batallón Calibío,
que se ha distinguido por asesinar a inocentes. Hoy en Colombia, se
puede hablar con bastante prudencia de 7 a 12 desapariciones diarias de
personas y esto es algo que viene sucediendo desde hace más de una
década. En los últimos diez años ha habido más víctimas que en las
dictaduras de Argentina y Chile juntas.
8.- ¿ Qué puede esperar el resto del mundo de la
situación en Colombia, y cuál crees que será la evolución política en tu
país, teniendo como base todos estos antecedentes?
Durante los últimos diez años todos los indicadores demuestran un
gran deterioro de la población vulnerable: infancia, mujer, población
indígena, afrodescendientes. El último informe de la FAO demuestra un
incremento brutal del hambre en Colombia. Por contraste, el hambre en
Venezuela se reduce a mínimos históricos.
Si el gobierno y sus sicarios asesinan a miles de campesinos, usurpa
tierras y las entrega a las multinacionales productoras de
agrocombustibles, el resultado es más muerte y precariedad para la
población. No hay brazos, no hay cultivos diversos como los que ofrece
el campesino, los agrocombustibles desplazan a los cultivos
tradicionales, se produce una gran carestía de alimentos y productos
básicos. La pobreza y el abandono son el fermento para todas las
guerras.
El conflicto colombiano, lejos de solucionarse, pareciera que se
agudiza cada año, como lo demuestra el acuerdo para la instalación de
cinco bases norteamericanas en territorio nacional. Los colombianos
seguiremos resistiendo la injusticia extrema. Seguiremos buscando la
salida política al conflicto. Si no se puede, seguiremos buscando la
salida…
Entrevista realizada en Madrid en diciembre de 2009.
Nota: Ricardo Ferrer logró salir de Vigía del Fuerte y luego de
Medellín gracias a la valiente ayuda de anónimos pobladores y ciudadanos
que arriesgaron sus vidas para que pudiera salvar la suya, luego de
numerosas amenazas y atentados en su contra.
Colombia, la vena más abierta de América Latina